¿Qué medidas podríamos tomar para hacer nuestras ciudades más sustentables?

La manera más efectiva para que la sociedad integre una cultura de cambio climático es castigar.

Esa fue la categórica respuesta de mi hermana Javiera, una joven oriunda de Osorno que trabaja con artesanos a lo largo de todo el país y que vive en Santiago hace cerca de una década.

Según el pronostico de Javiera, el futuro no es prometedor y las películas de ciencia ficción estilo “El día después de mañana” están basadas en una exageración de una realidad que pareciera inevitable.

El tema de la basura, las elevadas emisiones de dióxido de carbono, la falta de áreas verdes, entre otros problemas, parecen acumularse hasta sobrepasarnos. La falta de conciencia es un fenómeno generalizado transversal a todas las clases sociales y no estamos haciendo una toma de conciencia como sociedad de estos problemas.

“Yo trabajo con gente de varios lugares de Chile y de diferentes escalas sociales, y nadie recicla. Para gente con plata o gente que con suerte le pasa el camión de la basura en su población, no es una problemática prioritaria estar reciclando plástico, papel o desechos orgánicos. Hay algunas municipalidades que están abogando por que haya reciclaje, pero es voluntario y en este país lo voluntario no funciona. Yo creo que mientras no haya una política  que se promueva y un castigo la gente no va a reaccionar”.

Es difícil para Javiera como para muchas personas, imaginar medidas amigables e inmediatas para que las cosas cambien en Chile. Ella toma el ejemplo que escuchó conversando con amigos extranjeros, que en los países del norte de Europa, “de esos que están más de 20 años adelantados en temas medioambientales”, que el castigo está instaurado. “Allá tienes días específicos para sacar la basura y tu ves que todas las casas sacan al mismo tiempo las bolsas de colores. Y si tu sacas la bolsa roja el lunes que es el día de las bolsas amarillas, primero no se la llevan y segundo te sacan un parte porque ese no es el día en que pasa el camión de las bolsas rojas”. El castigo es por lo tanto monetario. ¿Será verdad el prejuicio que los chilenos sólo reaccionan cuando hay plata de por medio?

Muchas buenas intensiones se quedan en buenas intensiones, según Javiera. Seguido las medidas que quieren ayudar a mejorar, no están bien planteadas. Las soluciones “inmediatistas” no se sostienen a largo plazo. Para ciudades tan grandes como Santiago, el proyecto TranSantiago por ejemplo, pretendía mejorar el sistema de transporte público de la ciudad, pero su fallida ejecución generó que aumentaran la cantidad de vehículos y de tráfico en la ciudad. “Las distancias en Santiago son enormes y el trasporte público viene tan lleno que la gente prefiere seguir usando el auto”. Las soluciones inmediatas parecen más difíciles de resolver a largo plazo.

Otras ciudades tampoco tienen medidas responsables al enfrentar los cambios climáticos. En el sur de Chile ya no llueve tanto como antes y los inviernos son cada vez más fríos. Las calefacciones son con leña (de bosque nativo muchas veces), lo que hace que el sur pase, la mayor parte del tiempo, con pre emergencias ambientales. “Es complicado el tema del sur. En Osorno, la medida de restricción de leña en el invierno en la época de más frío, me parece una medida que es efectiva para bajar el nivel inmediato de partículas de contaminación en el ambiente. Pero en una sociedad que tiene tan arraigado esos temas, el cambio de combustible no es la solución. Porque les estás cambiando la vida. Y no en un buen sentido. En Temuco fue lo mismo y la gente está muerta de frío y pasa el tiempo resfriada. Llena los hospitales y se enferman más“. Crear conciencia de a poco y de acuerdo a cada realidad debería ser una prioridad según cada zona.

En el norte, los fenómenos del cambio climático tampoco se están tomando en cuenta. El norte está viendo cada vez más lluvias. “Qué pasa cuando no tienes ni agua, ni plata para poner pasto en el cerro“ dice Javiera, „y se te vienen estos aludes que matan a un montón de gente y destruyen un montón de casas y luego vuelven a construir en el mismo lugar. Es un círculo vicioso que mientras no haya un cambio, siento que cada vez va a ser más perjudicial y que cada vez va a ir disminuyendo la calidad de vida de las personas”. No debemos dejar que las circunstancias se transformen en extremas para empezar a preocuparnos.

Todo está asociado para Javiera, el clima va a seguir cambiando y esas variaciones van a seguir siendo cada vez más pronunciadas. “Una lo ve con las tormentas tropicales y los tifones en otros países, que son más frecuentes que antes. Yo creo que eso va a seguir y va a llegar a un pic. No necesariamente como en las películas de ciencia ficción con glaciaciones en 10 años, pero vamos hacia allá“. Es un hecho que la temperatura del mar está aumentando, por lo tanto las corrientes van a cambiar y eso va hacer que los pasos migratorios de las aves y los otros animales cambien. Que los lugares que antes eran aptos para siembra, ya no lo serán más, porque puede que llueva mucho y se inunden. Que suba el nivel del mar, que suba el nivel de los ríos, todas esas cosas ya están pasando y seguimos yendo en esa dirección. Yo no sé si en 20 años más o en 30 años va a ser extremo. Eso es una realidad y no se ven muchas instancias en que a nivel nacional o mundial se estén tomando las medidas para que no siga sucediendo”.

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