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Recuerdo cuando dije que este invierno…

“Recuerdo cuando dije q este invierno, sería menos frío que el anterior… y aquí estoy, congelándome”  Era lo que sonaba en la cabeza de mi amigo y la mía, la semana pasada, mientras tomábamos un té para pasar el frío terrible que vive la zona central de Chile estos días de otoño.

Es así como empezamos a pensar en opciones para evadir un poco el frío que se nos vendría en el invierno, sobre todo en la noche.

-El calientacama para mí es la salvación- dije.

-Pero eso gasta mucho!!  Yo creo que compraré unas sábanas de polar- dijo mi amigo.

-No gasta, sólo lo prendes unos minutos antes de acostarte y la cama está lista – respondí

– Pero el calor se va y el polar mantiene el calor todo el tiempo.

– Luego mantienes el calor con las frazadas. Además la tela de polar es poco ecológica, viene del petróleo- respondí.

– A sí? Y toda la energía que gasta el calientacama, seguramente es muy ecológico.

-Si claro, y el petróleo es lo mejor que hay en el mundo. Muy bueno para el medio ambiente y no genera ninguna guerra.

-Busca cuánto gasta un calientacama versus una sábana de polar y conversamos.- Me respondió, dando fin a la conversación.

Y ahí quedé, con la misión y las ganas de saber qué pasa con estos objetos que tan útiles son para nosotros.

Después de hacer una mini búsqueda por el mundo de google me di cuenta que la tela de polar, al parecer, no es tan malvada como yo pensaba.  Esta es una fibra textil 100% poliéster, imitación de la tela de lana. Es una tela cuya relación peso/abrigo es muy favorable, ya que pese a ser muy liviana abriga mucho y sirve para fabricar, por ejemplo, sombreros, chalecos sin mangas, bufandas, polerones, cintillos, mitones, ropa deportiva, casacas, pantalones de buzos, gorros, guantes, medias, pijamas para camping, chalecos de pescador, chalecos de trabajo, ropa infantil, ropa de bebé, ropa para mascotas, frazadas, etc. etc….

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Esta tela es fabricada  a partir de desechos plásticos  lo que la convierte en un tela ecológica según la clasificación ambiental de la organización europea MADE-BY.  Esta organización dedicada a la moda sostenible, elaboró el año 2009, una clasificación ambiental de los textiles naturales y sintéticos, donde el polar es registrado en la categoría A, en cuanto a que huella de carbono es mínima o de bajo impacto, en comparación, por ejemplo, a una polera de algodón, según consta en la publicación del blog del diario El País.

Debemos tener en cuenta, que aunque la huella de carbono de esta fibra, desde su proceso de producción, hasta que está lista para transformarse en tejido, está catalogada en la categoría A, una vez que la comenzamos a utilizar y lavar, puede ser un peligro para el ecosistema marino.

Según un estudio de la University of New South Wales en Australia  publicado por el diario El País,  , el uso cada vez más habitual de las prendas deportivas y de montaña, de alto contenido en esta fibra, ha hecho que en los últimos 50 años, el volumen de microfibra que vertido al medio ambiente haya crecido en un 450%. Las montañas de polyester y de nylon del mar proceden de las aguas que salen de las lavadoras y van a parar a  los pulmones y el estómago de los peces e invertebrados y de ahí pasan al torrente sanguíneo afectando por ejemplo al sistema inmunológico.

Los investigadores están divididos en cuanto a la solución para este problema. Unos creen que la investigación debería centrarse en fabricar lavadoras que reduzcan la liberación de microfibras, limitando la fuerte agitación e instalando filtros más eficaces. Otros creen que la clave está en el origen de la contaminación, que hay que descifrar qué tejidos desprenden más microfibras y dejar de fabricarlos.

Por otro lado, buscando sobre calientacamas encontré que en su mayoría están hechos de poliéster o de algodón convencional, fibras incluidas en las últimas categorías de eficiencia energética desde su proceso de producción, hasta que está lista para transformarse en tejido, por lo que en cuanto a materiales este artefacto no sería tan ecológico.

En cuanto al gasto en energía eléctrica del hogar, según la marca Imetec, un calientacama unipersonal gastaría $12 pesos por noche, mientras que GamaItaly, asegura que “máxima eficiencia térmica, mínimo consumo de energía”. También encontré en el “Las cosas que me gustan” una entrada  titulada “Cuánta energía gastamos?”, donde nombran la  existencia de una máquina, “Whats Up”, que al conectarla a los equipos eléctricos puede arrojar el monto que gastan en watts y en dinero, resultando el Calientacamas  con un gasto de 1,2 Watts por hora , siendo un costo al mes, relativamente bajo.

Bueno, para mí, quedan en el mismo escalón las sábanas de polar como el calientacama, pero sigo prefiriendo este último, ya que al haber algo tangible como lo es una conexión eléctrica, uno tiene más consciencia sobre su uso y sus repercusiones, en contraste con lo que pasa con las micropartículas que llegan al mar.

Con sumo Consumo

No obstante, toda esta búsqueda me lleva a la reflexión…Son las personas conscientes de todo el proceso que se necesita para tener un artefacto, por ejemplo una botella de jugo o agua de la llave en la cocina, de todo lo que provoca mantener el calefactor encendido una hora, o de cuánto le cuesta al ambiente tener el pantalón o la blusa de moda (El tratamiento de textiles y sus repercusiones ambientales).

Yo creo que la gran mayoría no lo es, ya que desde la revolución industrial en adelante, poco a poco, nuestra sociedad se ha convertido en una sociedad de consumo.

Este término se utiliza para calificar a una  sociedad que se caracteriza por el consumo masivo de bienes y servicios, disponibles gracias a la producción masiva de estos y a una serie de recursos y estrategias que tienen por objetivo aumentar el consumo y dar salida a la producción. La venta a plazos y tarjetas de crédito, el acortamiento de la vida de los productos, las modas cambiantes, las ofertas, la publicidad y el marketing, favorecen la cultura del consumo.

El medio Question Digital, nos muestra una opinión muy interesante sobre el caso de Venezuela, que pese a que se encuentra en un contexto de crisis política y social, no difiere mucho de lo que pasa en el resto del mundo.

“Hemos pasado meses y meses viendo en VTV colas de gente cargando refrigeradores, cocinas y televisores Haier de 45″. Llevamos años viendo anclas de los medios públicos usando lo más novedoso de la tecnología táctil para leer tuits. El tan necesario discurso contra el consumismo que debe provenir de nosotros los revolucionarios, quedó anulado desde hace tiempo ante lemas como “el vivir bien” o “vivir viviendo” que fueron propios de la necesaria campaña presidencial, pero que además transmitían la equivocada idea de que ser socialista equivale a tener mucho dinero para gastar sin pensarlo mucho, en todo lo que quieras.”

Yo siempre estuve aquí

Cuáles son nuestros esfuerzos?

En Chile,  por tercer año consecutivo se realizó la Encuesta Nacional del Medio Ambiente, cuyo objetivo es caracterizar las opiniones ambientales de la ciudadanía, su comportamiento en esta materia y sus principales preocupaciones con respecto a esta temática.

La Contaminación del Aire se mantiene por tercer año consecutivo como el principal problema ambiental para los chilenoscon un 38.4%, seguido de la basura y suciedad en las calles (20,7%%)los perros vagos y sus excrementos (7,4%), la congestión vehicular (6,6%) y el cambio climático (4,2%).

El ministro del Medio Ambiente, Marcelo Mena, explicó que “lo importante es que se mantiene una preocupación por los problemas ambientales, y probablemente esto es consecuencia, en parte, de la visibilización de contaminación ambiental en el centro-sur de Chile. Hace un par de años un 31% decía que el principal problema era la contaminación del aire, hoy estamos en torno a un 38%. Hoy hay muchas más zonas con plan de descontaminación, lo que implica una mayor conciencia sobre el problema”.

“También – agregó–  hay una alta preocupación por el tema del cambio climático y por la basura. Esta última es más prevalente en el norte como un problema, mientras en el centro y sur es la contaminación atmosférica”.

A la pregunta ¿Cuáles son las acciones más importantes que usted puede hacer a diario para proteger el medio ambiente?  Un 36,7% respondió no botar basura, un 18,9% cuidar la naturaleza, un 18,2% reciclar, un 14,3% no usar estufas a leña y un 11,8% se inclinó por educar a niños y jóvenes. Y a la pregunta ¿Quiénes hacen los mayores esfuerzos por cuidar el medioambiente? Un 62,8% está de acuerdo en que las escuelas están haciendo el mejor esfuerzo y un 58,9% asegura que cada uno está haciendo su mejor esfuerzo.

Asumiendo que efectivamente hagamos lo que decimos, se puede concluir que el chileno ha ido adquiriendo mayor conciencia ecológica y está tomando acciones  en su vida.

Sin embargo, resulta evidente que nos sentimos demasiado conformes con nosotros mismos, que aún estamos muy lejos de ser un país de gente realmente preocupada por la sustentabilidad y tendemos a esperar que sea el resto el que cargue con la mayoría del peso de cuidar el medioambiente.

Escoger transporte más ecológico, utilizar bolsas de género y elegir productos retornables o sin envase al comprar, reciclar o compostar todos nuestros desechos (preocupándonos que efectivamente sean reciclados), reducir nuestro consumo de recursos, mejorar la aislación de nuestros hogares y usar combustibles más ecológicos, son solo algunos de los múltiples actos que deberíamos incorporar a nuestra vida diaria. Mientras no hagamos todo esto, no podemos, realmente, decir que hacemos “nuestro máximo esfuerzo”.

Dentro del  “deber ciudadano” , es decir, la obligación natural de vivir responsablemente, haciendo uso de los beneficios que la madre tierra nos da, sin que ello permita un abuso, la Fundación Habitar desarrolla el Programa de Educación Socioambiental, cuyo objeto es contribuir al debate y transformación sobre las temáticas socio-ambientales y territoriales. Este programa consiste en una serie de talleres educativos basados en la puesta en práctica del método científico, posibilitando la obtención de conocimiento de primera mano, haciendo uso de la escuela y su entorno como laboratorios vivientes.

Esto se sistematizó y además se recopiló la experiencia de los talleres realizados y se editó un manual de transferencia (Manual de Educación Socioambiental-Fundación Habitar,) el cual está a disposición de organizaciones y personas interesadas en la Educación Socioambiental, como un insumo para el desarrollo de instancias educativas en distintos contextos.

Todos podemos aportar a hacer de este mundo, el único que tenemos, un lugar agradable para VIVIR.

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